Hay piezas que notas diferentes desde el primer momento en que rozan tu piel. Creé esta pulsera para los días en los que tus articulaciones te recuerdan que han estado trabajando, y en los que quieres llevar algo delicado y ligero que te acompañe con serenidad.
La pensé con la forma de una pluma: la banda se afina poco a poco hasta convertirse en una pluma grabada a mano, con cada barbo trazado uno a uno a lo largo del raquis. Los extremos se envuelven suavemente sin llegar a cerrarse, con un acabado limpio y orgánico que abraza la muñeca con naturalidad.
Al ser una pulsera abierta, se adapta con facilidad y puedes ajustarla con las manos, sin necesidad de ninguna herramienta. El cobre lleva miles de años sobre la piel de quienes necesitaban seguir en movimiento, y quienes regresan a mí me comparten siempre lo mismo: que dejaron de notar molestias que antes sí notaban en sus muñecas.
Esta pieza forma parte de la celebración de mi décimo aniversario. Espero que encuentre la muñeca que más la necesita.
— María